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Los estores son más informales que las cortinas clásicas, pero también pueden adornarse con fruncidos y volados en caso de querer utilizarlos en ambientes clásicos.
Por su sistema de funcionamiento, se distinguen, básicamente, los siguientes tipos de estores:
Estores enrollables:
Son los más sencillos. Se enrollan en una cabecera o rodillo como cualquier persiana, y al desplegarse quedan planos y muestran perfectamente la tela. Son idóneos para estancias de mucho uso.
Estores plegables de varillas:
Forman amplios pliegues horizontales al subirlos, aunque quedan lisos al bajarlos. Son más adecuados para telas con cuerpo, tipo lonetas.
Paquetos o de tracción hacia arriba:
No tienen varillas, y si están recogidos quedan arrugados. Dos variaciones de este tipo son los estores austriacos y los festoneados, más ornamentales y voluminosos, tanto extendidos como recogidos.
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